Dime cómo es tu jefe y te diré qué empresa eres

“Pasa, te enseñaré el edificio”, invita José Gandía-Blasco, presidente de la compañía. Él es el nexo, hilo conductor entre pasado, presente y futuro. Es un espíritu libre e inquieto. Un buscador nato, un diseñador de productos y un dibujante de  caminos nuevos. Y mejor todavía, nunca da órdenes: “confío plenamente en mi equipo”, afirma. Su estilo de mando es doblemente eficaz, se basa en la confianza en el otro. Seguramente por eso nunca ejerció de abogado tras estudiar la carrera de Derecho. A “Jose” aquí se le tiene como uno más del equipo. Es una figura que estimula y aglutina, un creativo a su bola, en el fondo. Ahora está ilusionado con las posibilidades de la Casa GANDIABLASCO (que, por cierto, contiene en su interior su propia vivienda, unos argumentos dentro de otros a modo de capas de la cebolla).

Él es quien nos conduce hasta las tripas de este monstruo dormido hasta hace poco, con más de 6.000 metros cuadrados (cuatro plantas, sótano, semisótano y patio) que ocupa una céntrica manzana en la ciudad.  Durante medio siglo el  tiempo se ha parado en algunas de las destartaladas naves. Con la rehabilitación la Casa estará lista para contar relatos nuevos. “En estas salas estaban las máquinas”, -dice-, “y en aquellas se almacenaban las mantas, se requería mucho espacio.”