Casa de la identidad textil. La inteligencia táctil

Mientras recuerda esto, una delgada hebra de sol se cuela mágicamente en la  penumbra de la estancia. No estamos solos, millones de motas de polvo  flotando en la inmensidad del tiempo hablan en silencio. Comprendes entonces que la seriedad de una empresa se mide también por el respeto que muestra hacia su pasado. Los catálogos no suelen recoger instantes así. Quienes han nacido en estas tierras reconocen los olores del procesado de la lana, el algodón, el trapo, los tintes, las montañas y los ríos serviciales cerca. Desde la Edad Media, mucho antes, el alma de esta comarca es textil hasta la médula. O lo era. Lo que queda de eso GANDIABLASCO lo protege y estimula. Sin esnobismo, como la cosa más natural.

Vivir con la música de los telares como estribillo de infancia te educa sentimentalmente. La familiaridad con las texturas y  materias ha desarrollado en GANDIABLASCO una inteligencia táctil muy fina. Además, esta empresa sabe reconocer a un buen artesano a la legua. Todo se produce sin salir de casa; la calidad, como la nobleza, obliga.  Gracias a esta lógica, el diseño suma categorías de autenticidad y honestidad por lo que supone de apoyo y compromiso con la industria y economía de la zona. La apuesta de GANDIABLASCO por la sostenibilidad y lo local viene de lejos, está en su ADN.