Marcelo Ghio, jurado del XIV Concurso GANDIABLASCO

Marcelo Ghio, miembro del jurado del XIV Concurso de GANDIABLASCO.

En GANDIABLASCO lanzamos la XIV convocatoria del Concurso Internacional de Diseño de Mobiliario de Exterior, dedicado este año al diseño de una lámpara de exterior. Con ello queremos dar la oportunidad a los nuevos talentos del diseño. Y para ello les retamos a crear una luminaria de exterior creativa, innovadora y además funcional, que sea capaz de integrarse en cualquier entorno al aire libre.

José A. Gandía-Blasco Canales más un jurado de profesionales especializados en distintas áreas premiarán los mejores proyectos.

Os presentamos a Marcelo Ghio:

Hola Marcelo, estamos encantados de que seas jurado en la XIV edición de nuestro Concurso Internacional de Diseño de Mobiliario de Exterior. ¡Gracias!
¡Muchas gracias a vosotros por permitidme acompañaros en esta edición del concurso!

Entre otras cosas eres un experto en branding ¿nos conocías antes de invitarte?

– ¡Claro que sí! Pero no solo los conocía por mi trabajo con Experimenta, también porque soy un apasionado del diseño –soy diseñador- y tengo especial interés en el trabajo de los profesionales y las empresas iberoamericanas.

Para darle un poco de luz al asunto ¿cuáles crees que son los valores esenciales de una marca?

– Marca es la promesa de una experiencia única… y su cumplimiento. Al mismo tiempo es una fuente de valor que se sostiene a partir de una identidad clara y reconocible, construyendo un círculo virtuoso de afectividad y confianza con sus audiencias.
Dicho esto, los valores centrales de una marca se configuran a partir de su propia identidad, de su “ser”, y desde allí se proyecta para ser percibida en forma coherente y consistente por las personas.

La claridad con la que comunica y la honestidad con la que sostiene el discurso, debe tener un correlato directo con sus acciones. Eso es lo que llamamos promesa de marca, que debe estar en sintonía con el producto o servicio a lo largo de toda su extensión. Dicho de una manera sencilla: no basta con que digas que la calidad es central en tu marca, si tus productos, procesos o atención al cliente no la tienen.
Los valores de la marca son trascendentes, no circunstanciales. Son las cosas en las que como organización crees y que al mismo tiempo están en sintonía con las creencias y valores de la sociedad a la que te diriges.
Una marca, hoy más que nunca, pone a las personas en el centro de la estrategia, por lo que los valores humanos trascendentes son un punto de partida fundamental, algo que afirmo en mi libro “Oxitobrands: marcas humanas para un mercado emocional”.

Sabemos que naciste en Argentina aunque llevas muchos años en España, nos gustaría saber cómo se vive el diseño en Argentina y los diseñadores que destacarías. ¿Se podría hablar de diseño sudamericano, o tiene una entidad muy marcada según el país?

– Llevo diez años fuera de Argentina, seis de los cuales viví en Perú –a donde llegué para desempeñarme como decano de la facultad de diseño y comunicación de una importante institución educativa- y desde hace cuatro años estoy en España.

El diseño en Argentina, especialmente a partir de 1985 cuando se volvió masivo gracias al surgimiento de múltiples ofertas educativas públicas y privadas, se ha convertido paulatinamente en una herramienta de transformación social y económica. Pero claro está que no partía de cero, ya que era heredero de una tradición de diseñadores consagrados en diferentes áreas de la profesión –muchos de ellos impulsores del nacimiento de las diferentes carreras en la universidad pública- que desde hacía muchos años habían instalado la palabra diseño en la sociedad, junto con el aporte desde la teoría de muchos otros otros profesionales. Ricardo Blanco, Ronald Shakespear, Marta Zátonyi, Rubén Fontana, Susana Saulquin, Carlos Méndez Mosquera, Guillermo González Ruiz, Helena Homs, María Ledesma, son algunos de los muchos y muchas referentes que fundaron las bases de lo que hoy entendemos como diseño.

Ricardo Blanco solía reflexionar sobre si tenía sentido hablar de la existencia de un “diseño industrial” en Argentina, considerando que las industrias estaban en vías de extinción debido a los contratiempos económicos. Y esa reflexión lo llevaba a afirmar que sí, ya que diseñamos para las personas, para proporcionarles una utilidad específica, sin importar que la fabricación de los productos resultara de un proceso industrial o artesanal. Incluso podríamos decir que se anticipó a su tiempo, ya que hoy -por motivos de economía, sostenibilidad o ecología- asistimos al resurgimiento de una corriente artesanal de diseño.

En cuanto a lo que me preguntas sobre si podemos hablar de un “diseño sudamericano” es un poco más complejo, ya que definir la existencia de una identidad nacional o regional en el diseño, implica definir la raíz de la identidad nacional o regional, algo que aún está lejos de resolverse. Porque podríamos aventurar que dicha identidad nacional debería expresarse en una idea común de Nación, en una suma de valores que nos integran y hermanan. Valores articulados a través de una “forma de ser” expresada en una cultura común que reúne aspectos como creencias, mitos, usos, costumbres, por citar sólo algunos. El diseño, por su naturaleza universal y muchas veces sostenido en la búsqueda de su esencia funcional, podría considerarse como una actividad que difícilmente encuadre en la llamada “identidad nacional”.

Sin embargo, el diseño ha dado muestras de productos excepcionales que han reflejado –y reflejan- de forma contundente el contexto cultural y las circunstancias en las que han sido creados, aunque a través del tiempo ese “acento local” tienda a diluirse. Un carácter que si permanece, por ejemplo, en la “gráfica chicha” del Perú, en los textiles de diferentes regiones de Latinoamérica, en los productos de lenga del sur argentino o en los afiches mexicanos de lucha libre. Curiosamente, allí donde la academia deja lugar al impulso de lo popular, los rasgos de identidad afloran de manera descarnada y potente.

Podría decirse, entonces, que el diseño es realizado por y para personas que pertenecen a una cultura definida en tiempo y lugar, e integradas en una idea superior: la de Nación.
De este modo, el producto emergente estará (felizmente) condicionado por una forma de ser, ver y sentir el mundo desde una perspectiva local y particular. Constituyendo finalmente un rasgo identitario reconocible y propio.

Además eres Director de estrategia, contenidos y editorial de la revista Experimenta, nos encanta, la seguimos desde los inicios. ¿Qué enfoque le estás dando a la revista? ¿y vuestra apuesta de futuro?

– Experimenta es, desde hace treinta años, una marca referente del diseño iberoamericano. Desde sus inicios, buscó integrar la academia, el mundo profesional y a todas aquellas personas que viven por y para el diseño, en una propuesta que reflejara el pensamiento, la producción y la pasión de los diseñadores.

Nuestro principal objetivo es ser el punto de contacto entre el mundo profesional y la sociedad en su conjunto, para que el diseño sea comprendido y valorado en su verdadera dimensión. Y lo entendemos como una actividad transversal, que atraviesa cada capa de la sociedad facilitando la vida de las personas y mejorando el entorno.

Queremos ser el espacio que los diseñadores sientan como propio, un marco de referencia, que comunica como medio en forma clara, sencilla y coherente -sin abandonar el discurso profesional- los alcances de la profesión y la disciplina, difundiendo qué es y para qué sirve el diseño en la construcción de una sociedad más humana y eficiente. Para ser reconocidos en nuestra verdadera dimensión y no cómo simples actores complementarios, embellecedores del entorno.

Para nosotros el pensamiento de diseño es una matriz común que se diversifica en diferentes áreas proyectuales y especialidades. Esa visión transversal e integradora es el espíritu de nuestra revista –la que llamamos nuestro “buque insignia”- y de la editorial.
Y hace dos años hicimos una apuesta aún más fuerte en esa dirección, rediseñando el producto desde lo conceptual y lo visual para poner de manifiesto esta visión.
Somos un medio y nos centramos en ese rol. Un medio para difundir la producción, la reflexión y las actividades asociadas al diseño, desde una mirada positiva que destaque tanto el trabajo de marcas y diseñadores consagrados, como el de los que recién se suman a la profesión.

Nuestra apuesta a futuro tiene que ver con seguir consolidando la revista; ampliar la red de acuerdos y actividades con asociaciones, escuelas y organizaciones profesionales –fundamentales desde nuestra perspectiva-; y hacer crecer nuestra editorial que hoy cuenta con un Fondo Editorial de más de 40 obras en continuo aumento.
Pero para que esto pueda sostenerse, necesitamos seguir contando con el apoyo de los diferentes actores involucrados en el mundo del diseño, para que el compromiso con la consolidación de nuestra actividad sea una tarea de todos, en la que cada uno sume su parte.

El tema de nuestro concurso es el diseño de una lámpara de exterior o colección de luminarias. ¿revelarías cuál es tu preferida?

– ¡Es una pregunta muy comprometida siendo jurado! Pero hablando en serio, hay muchas que me gustan y seguramente seré injusto al citar solo algunas. La lámpara Disa, del arquitecto y diseñador José Antonio Corderch; las lámpara Cesta y TMC de Miguel Milá; la Fortuny diseñada por Mariano Fortuny; la Lámpara Fase Presidente, de Luis Pérez Oliva y Pedro Martín; Tatu de André Ricard; entre otras. A las que debería sumar una enorme cantidad de luminarias que se han diseñado en los últimos veinte años, fruto del talento y la capacidad de grandes diseñadores y diseñadoras, desde la FollowMe de Inma Bermúdez hasta la Jarras de Santiago Sevillano, pasando por Pirámide de José A. Gandía-Blasco Canales.
Pero sé que estoy siendo injusto con otros destacados profesionales… ¡es muy difícil porque hay muchos muy buenos!

El concurso lo lanzamos para apoyar el talento emergente en cualquier lugar del mundo. ¿Qué futuro ves en las nuevas generaciones en España?
¿Y en los países donde has vivido o trabajado?

– El maestro Alan Fletcher decía: el diseño no es necesario, es inevitable. Estoy convencido de que siempre lo mejor está por venir, pero para que ese futuro deseable sea posible, debemos trabajar hoy. Y para que el talento emergente pueda crecer y consolidarse, es fundamental seguir construyendo bases sólidas para la profesión.
Si entendemos que el futuro es el presente proyectado, el futuro del diseño depende de lo que hagamos hoy en cada sitio, desde nuestro pequeño o gran aporte cotidiano.
Soy optimista, estoy convencido de que el diseño, la interfaz amigable entre el ser humano y su entorno –citando a Otl Aicher- será, desde una perspectiva positiva, inevitable.

Nada es comparable a disfrutar de una velada a la luz de las estrellas o bajo la luna, ¿tienes algún recuerdo de esos momentos mágicos vividos al aire libre que te apetezca contarnos?

– Todos tenemos atesorados momentos mágicos, románticos o en familia, a la luz de las estrellas. Caminar bajo el cielo estrellado de París con mi esposa y mis hijos es uno de ellos.
Pero también desde el vínculo con otros profesionales. Hace algunos años, en un evento en Costa Rica, fuimos invitados junto a otros colegas a una cena a la luz de la luna y las estrellas. De pronto los organizadores acercan pequeñas mesas de madera y las distribuyen por el parque junto con unas sillas firmes. Yo estaba con Javier Mariscal, con quien había pasado el día y con Oliverio Toscani, de modo que a la primera ronda de vino llegamos naturalmente.

En una de las pequeñas mesas nos acomodamos los tres. Javier se sentó a mi izquierda y Oliverio a mi derecha, y con una porción de ceviche al frente, copas de vino y cerveza bajo el manto estrellado del increíble cielo de Costa Rica, conversamos durante horas sobre la vida, la profesión y muchas otras cosas que por supuesto quedarán en la intimidad de ese diálogo. Solo diré que la vida nos regala, en ocasiones, momentos de pura poesía. Y eso no tiene precio, porque su valor es infinito.